Somos destellos de luz
que en un instante se pierden,
pero el amor verdadero
sobre la luz prevalece.
El amor, motor del mundo, que nos conmueve y cuya falta hace que el caos se asiente sobre los humanos, parece hoy más que nunca protagonista necesario en nuestras vidas y en nuestra sociedad. Da mucha pena ver cómo nos rodean, especialmente en las Redes Sociales, oleadas de rencor, insultos, desprecios a quienes no piensan igual, juicios de valor inmediato, sin ninguna información verificable, ante personas, noticias terribes o, simplemente hechos de personajes del "mundo del corazón", como se decía en tiempos. Parece haber desaparecido en buena medida la sensatez y, desde luego, el amor vestido de tolerancia y sentido común. Ojalá volvamos a la serena reflexión y prevalezca, al menos, el sentido común, que estamos por aquí cuatro días...
No quiero traerte flores
que las tirarás después,
te traigo mi corazón:
haz lo que quieras con él.
El cantautor y jotero de Magallón, Juanjo Bona, ha irrumpido con inusitada fuerza en el mundillo musical con un estilo personal y tiene sobrado carisma para atraer a un público cada vez más numeroso. Su carrera, con veintidós años, apunta a unos horizontes muy halagüeños. En su faceta de cantador de jota ha impuesto un estilo que, respetando la necesaria tradición, renueva el canto, lo acerca al oyente y apasiona a numeroso público -especialmente joven- que se mantenía alejado de la jota más tradicional. Sigue el camino de José Ángel Hevia o Jorge Monge (Camarón) que dieron un impulso hacia la renovación del folclore gallego y andaluz. Las maneras de Juanjo Bona conectan porque "dicen" la jota con un sentido nuevo y llegan al público de hoy.
La jota es flecha lanzada
desde el corazón al cielo
y desde Aragón proyecta
su belleza al mundo entero.
La jota aragonesa está muy viva y parece haber en el público joven una reacción positiva ante las nuevas fomas que la revitalizan y la sacan del conformismo y la monotonía que pueden anclarla en unos tiempos para los que hoy rigen otros parámetros. Todo esto se ha de conseguir sin olvidar las raíces y las tradiciones, pero llenar estadios con la jota solo será posible si adapta su lenguaje con sabiduría a las nuevas generaciones que viven en permanente evolución. Si se consigue aunar la raíz tradicional con la estética del siglo XXI, tendremos una jota universalmente reconocida -y disfrutada en toda su enorme gama de colores- por los jóvenes. No tengamos miedo a dar un paso que ya han dado muchos en diversas partes de esta España diversa.
Es canto de amor y paz
nuestra jota aragonesa,
pero también se revuelve
contra el dolor de las guerras.
Desde tiempos inmemoriales de las jarchas, pero fundamentalmente a partir del S. XV, nuestro extenso Cancionero y Romancero español ha sido poesía tradicional que no ha cesado de nutrir nuestra rica literatura. Estudios hay, lejanos y recienes, de destacados especialistas, desde Azorín a Diez de la Cortina, que valoran este tesoro literario que permanece muy vivo en nuestros días. Poesía popular o poesía culta van de la mano hace siglos y la letra de nuestra jota, la "canta", se nutre de una de sus formas, la cuarteta, que desde los autores anónimos a los poetas más ilustres han cultivado y que tal vez debería ser más interpretada. Los motivos son tan variados como interesantes: amor, sociedad, gentes...todo ello es expresable con belleza en la jota.
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