En amor son los suspiros
tímidos brotes del viento,
brisa que alienta pasiones
o nostalgia de recuerdos.
Este verano, que ha comenzado bravo y caluroso, nos va a permitir en julio dar buena cuenta de unas coplas de suave lirismo, refresacantes y apropiadas para decirlas al oído de la persona querida en esas noches solemnes y muy claras, como nos contaba de muy niños -apenas tres años- ese primer poema de Gabriel y Galán "Mi vaquerillo" que aprendimos y recitábamos implacables a las visitas. Es tiempo de reflexión y calma y de superar el estrés que nos proporcionamos por querer a veces alcanzar la luna sin apaciguar la tierra. Vayan, pues en buena hora estas coplas y, junto a otras lecturas, disfruten de la paz y el sosiego tan necesarios en estos tiempos en que importa más el "tener" que el "ser". Feliz y tranquilo verano, queridos lectores.
Lleva tus ojos el mar
-en la noche sal y espuma-
a la orilla de tus labios
encendidos por la luna.
Las noches cálidas a la orilla del mar, casi en la oscuridad -sólo la lejanía de las luces de un paseo marítimo o de las primeras casas de la orilla- tienen un encanto absolutamente especial. Si hay luna que ilumine la espuma de las olas que mueren en la playa, es suficiente para el paseo soñado en soledad o el arrobo romántico en pareja. Es el mar un espejo poético perfecto donde riela esa luna de Espronceda o se reflejan nuestros recuerdos de tiempos de amor e ilusión. Imágenes de noches que llenaron nuestros sentidos y que son el equipaje que nos acompaña en este caminar solitario a la luz de esa luna inmutable que siempre duerme encendida entre las aguas cuyo rumor, renovado y solemne, acompaña como música de fondo esos viejos recuerdos.
Bajó lenta la mirada,
lanzó un suspiro muy suave
y en mi noche comenzó
a deshacerse su tarde...
El ocaso veraniego a la orilla del mar o en un paisaje rural es absolutamente opuesto al mismo y diario acontecer entre el ruido y la polución urbana. No obstante, puede ser también bello en un extenso parque público -recuerdo ocasos muy bellos en el parque de El Retiro madrileño o en el zaragozano Parque Grande- pero nunca comparable a las puestas de sol en el horizonte inmenso del mar. También en esta copla hay un ocaso lírico, poético e imaginativo y puede ser una declaración de amor donde el amado -o amada- se siente noche oscura, secreta y protectora y la amada -o el amado- llega silencioso buscando ese refugio seguro donde puede depositar su amor y fundirse en las horas de la noche como el sol que se acuesta en un horizonte de paz.
Una mirada me dijo
que para ti me querías;
desde estonces voy buscando
tus ojitos cada día.
Esta copla es un requiebro a la persona amada que, tras una mirada muy especial, da a entender su posible interés por el amado. Muchas veces las miradas valen más que las palabras y si hay miradas que matan, como reza el dicho popular, también las hay que declaran sin palabras un amor, revelando la intensidad de unas emociones. En consecuencia el receptor de esa mirada, prendado de ella, la busca de nuevo cada día para instalarse en la certeza de ese amor. El diminutivo (ojitos) conlleva una especial ternura que embellece esa declaración de amor. Con la de hoy terminamos este mes de julio donde me he permitido glosar cuatro coplas de mi autoría de caracter amatorio. El amor siempre debe ser bienvenido en cualquiera de sus manifestaciones.
(Herado de Aragón, 5, 12, 19, 26 julio 2026)
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