viernes, 11 de septiembre de 2026

RINCON DE LA COPLA. AÑO XXV. AGOSTO 2026

 

Rincón de la copla XXV Aniverario

AGOSTO 2026. Nums. 1.281, 1.282, 1.283, 1.284, 1.285

HERALDO DE ARAGÓN 2, 9, 16, 23, 30


Una mirada me dijo

que para ti me querías;

desde estonces voy buscando

tus ojitos cada día.


Esta copla es un requiebro a la persona amada que, tras una mirada muy especial, da a entender su posible interés por el amado. Muchas veces las miradas valen más que las palabras y si hay miradas que matan, como reza el dicho popular, también las hay que declaran sin palabras un amor, revelando la intensidad de unas emociones. En consecuencia el receptor de esa mirada, prendado de ella, la busca de nuevo cada día para instalarse en la certeza de ese amor. El diminutivo (ojitos) conlleva una especial ternura que embellece esa declaración de amor. Con la de hoy terminamos este mes de julio donde me he permitido glosar cuatro coplas de mi autoría de caracter amatorio. El amor siempre debe ser bienvenido en cualquiera de sus manifestaciones.




Llegó del mar de Galicia

tocó puerto en Aragón

y aquí se quedó Antón Castro

sembrando letras y amor.


Se ha dicho ya tanto y tan bueno de nuestro querido Antón Castro que es difícil añadir algo nuevo. Personalidad imprescindible en el desarrollo cultural de Aragón en las últimas décadas, ha sabido ser -colmado de justos premios y reconocimientos a nivel aragonés y nacional- el amigo lleno de cariño y cercanía, de generosidad sin límites al par que el maestro, consejero y guía de tantos escritores y artistas a los que siempre atiende con esa delicadeza que comunica su mirada clara y su sonrisa franca. Antón se jubila de HERALDO tras décadas de dedicación, pero aquí, junto a todos nosotros, sigue y seguirá creando literatura en narrativa, poesía y ensayo y capitaneando su nave literaria que navega siempre llena con equipaje de sabiduría y amistad.




Somos instantes de luz

que pronto se desvanecen

pero el amor verdadero

sobre la luz prevalece.

 

Las coplas de amor son poemas llenos de sentimientos que nunca pasan de moda, aunque a diversos poetas de vanguardias varias les parezca que el amor, en poesía, no es sino un resto de romanticismo trasnochado y epígono beckeriano. Pero lo cierto es que siempre que haya dos personas cautivas del amor -o del enamoramiento, que no suele ser lo mismo- habrá poesía y su expresión será desarrollada en cualquiera de las formas que la contienen. Y una de las formas estróficas llenas de belleza es la copla, nuestra genuina expresión poética, inmortal, renovada y revitalizada con las nuevas aportaciones que periódicamente le acarrean los poetas, los copleros (nunca esta expresión ha sido tan digna y bella) y quienes las leen, las cantan y las publican.

 

 

Un besico le di al Ebro

y otro beso a la ribera,

que cuando se muere el río,

también se muere la tierra.


José Verón Gormaz (Calatayud 1946-2021) fue el amigo bueno y generoso que todos querríamos tener. Estuvo invitado en este Rincón innumerables veces, pues su constante actividad como coplero, hacía que, cuando nos veíamos, desplegase un abanico de cuartetas cantando al amor, a la tierra, a la mujer y a la vida en general y siempre veían la luz en este Rincón. Verón fue un motor de la cultura bilbilitana y desde allí la proyectó con fuerza en todos los campos de su actividad poética, narrativa o fotográfica. Incansable siempre, atento a cualquier evento, fue una de las personalidades más interesantes de Aragón en las últimas décadas. Esta copla de hoy es un buen ejemplo y con ella el recuerdo, próximos los cinco años de su fallecimiento.



 

Soy mozo y enamorado

nadie hay más rico que yo.

¡No se compra con dinero

la juventud y el amor!


La zarzuela Los Gavilanes, del prolífico maestro Guerrero (1895-1951), es obra en tres actos y cinco cuadros, con letra de José Ramos Martín. Fue estrenada el 7 de diciembre de 1923 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y constituyó un rotundo éxito que ha llegado hasta nuestros días. En ella se canta esta copla y son memorables las versiones que del personaje Gustavo hizo el gran Alfredo Kraus (“Flor roja”) o el personaje de Juan con el inolvidable Manuel Ausensi (“Mi aldea”). Para los nostálgicos, una ráfaga de recuerdos y sensaciones y, para los más jóvenes, mi deseo de que descubran estas joyas de nuestro teatro lírico que, si están dignamente producidas, son un exquisito espectáculo y constituyen un patrimonio que siempre debemos proteger.
















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