Miguel Ángel Yusta: una vida entre la poesía, la copla, la ópera y la memoria
Miguel Ángel Yusta Pérez (Zaragoza, 1944) pertenece a esa generación de escritores aragoneses cuya trayectoria se ha desarrollado durante más de medio siglo con una notable continuidad y, sobre todo, con una característica poco frecuente: la capacidad de transitar entre diferentes territorios de la cultura sin establecer fronteras rígidas entre ellos. Poeta, escritor, articulista, estudioso de la copla, autor de letras de jota y apasionado divulgador de la ópera, su obra constituye un territorio donde dialogan la poesía culta y la tradición popular, la literatura y la música, la memoria personal y la memoria colectiva.
Nacido en Zaragoza en 1944, cursó sus estudios en la Universidad de Zaragoza. Su vinculación con el periodismo cultural ha sido especialmente intensa. Desde comienzos de los años setenta mantiene una prolongada colaboración con Heraldo de Aragón, donde ha escrito sobre literatura, opinión y música, con una atención muy particular a la ópera. Esa relación profesional y humana con el periódico se ha convertido en una de las constantes de su trayectoria.
Pero reducir a Yusta a la condición de colaborador periodístico sería insuficiente. Su verdadero centro de gravedad es la poesía.
Una trayectoria poética
Su bibliografía muestra una evolución sostenida desde finales del siglo XX hasta la actualidad. Entre sus primeros títulos destaca Luces y sombras, publicado en 1999, un libro de fotopoemas realizado con fotografías de C. Moncín. Después llegarían, entre otros, Peregrino de ausencias (2006), Teoría de luz (2007), Reloj de arena (2008), Senderos de amor y olvido (2008) y Ayer fue sombra (2009).
Teoría de luz contó con prólogo de Manuel Vilas; Reloj de arena, con uno de Rosendo Tello; y Senderos de amor y olvido, con la presentación de José Verón Gormaz. No son detalles menores: la nómina de escritores que han acompañado sus libros permite situarlo dentro de una tradición literaria aragonesa de la que él mismo ha sido, simultáneamente, heredero y protagonista.
Uno de los reconocimientos importantes de esta etapa fue el Primer Premio de Poesía de la VI edición del Premio de Poesía de la Delegación del Gobierno en Aragón, obtenido por Ayer fue sombra. El libro tendría posteriormente una segunda edición en Lastura, con nota preliminar de Emilio Quintanilla y prólogo de Marisa de la Peña.
Después vendrían Artículos indefinidos (2010), El camino de tu nombre (2011), Pavesas del silencio y de la espera (2012), Amar y callar (2013), De silencio y luz (2015), Damas (2015, con Alberto Calvo), Des-Concierto (2016), Pasajero de otoño (2018), Reflejos en un espejo roto (2019), Postludio (2022) y otros trabajos.
En 2024 apareció Summarium 25, publicado por Huerga & Fierro y prologado por Félix Maraña, una obra que funciona como síntesis de una larga trayectoria poética. La biobibliografía actualizada en 2026 continúa incluyendo este volumen entre sus trabajos fundamentales.
El poeta del tiempo, la ausencia y el amor
Si hubiera que buscar algunos ejes constantes en la poesía de Yusta, habría que detenerse en el tiempo, la memoria, la ausencia, el amor y la conciencia de la fugacidad.
No es casual que títulos como Peregrino de ausencias, Reloj de arena, Pavesas del silencio y de la espera, Pasajero de otoño o Postludio aparezcan reiteradamente asociados a imágenes temporales. Hay en ellos una conciencia muy marcada del paso de los años.
Pero esa conciencia no desemboca necesariamente en el pesimismo. En Yusta existe una permanente tensión entre pérdida y esperanza, entre memoria y presente, entre lo que desaparece y aquello que la palabra consigue conservar.
En Amar y callar, por ejemplo, el Centro del Libro de Aragón subraya la presencia de una poesía amorosa aparentemente inscrita en la tradición romántica, pero atravesada por una ironía sutil y elegante. El amor aparece allí no sólo como sentimiento, sino también como conocimiento de la propia experiencia vital.
Ese rasgo me parece importante para entender su poesía: Yusta no escribe desde la distancia del observador, sino desde la experiencia acumulada.
La copla: una segunda patria poética
Sin embargo, probablemente ninguna otra faceta de su trayectoria haya adquirido tanta singularidad como su dedicación a la copla y a la jota.
Durante décadas ha mantenido en Heraldo de Aragón la sección «El rincón de la copla», en la que ha publicado tanto composiciones propias como coplas de otros autores. La biobibliografía de 2026 cifra esta dedicación en aproximadamente veinticinco años de recopilación semanal.
En 2011 publicó Cancionero de coplas aragonesas. El Centro del Libro de Aragón señala que el volumen reúne coplas de jota escritas por Yusta, algunas procedentes de su sección periodística y otras presentadas a concursos del Ayuntamiento de Zaragoza, junto a numerosas piezas inéditas. El resultado es también una aportación a la renovación de las letras de la jota aragonesa.
Pero su trabajo sobre la copla alcanzaría una dimensión mucho mayor con ** La copla, emoción y poema ** (2020), concebido como ensayo y antología. Yusta reunió allí alrededor de 1.700 ejemplos de poesía popular, procedentes de diferentes épocas y autores.
Posteriormente amplió y revisó aquel trabajo en La copla, poema y canto (2023), incorporando materiales audiovisuales y una selección de textos propios y ajenos.
Aquí aparece una de las aportaciones más interesantes de Yusta: su reivindicación de la copla como poesía.
No la contempla simplemente como canción popular o como expresión folclórica. La estudia desde su dimensión literaria, métrica, emocional y cultural.
De ahí aquella definición suya que resume muy bien su pensamiento: «La copla es el más hermoso de los micropoemas».
Jota, copla y poesía culta
Esta posición le permite establecer un puente entre dos mundos que durante mucho tiempo han tendido a contemplarse separadamente: la literatura académica y la cultura popular.
Yusta puede ocuparse de Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío o Machado y, al mismo tiempo, interesarse por la jota, la copla o la canción popular.
En ese sentido, su obra participa de una concepción amplia de la poesía: poesía no es únicamente aquello que aparece en un libro de versos; también puede estar en una canción, en una jota, en cuatro versos octosílabos capaces de condensar una historia o un sentimiento.
La ópera y la música
A todo ello se añade su relación con la ópera, una de las grandes pasiones culturales de su vida.
Durante años ha escrito sobre música y ópera y ha desarrollado también una importante actividad divulgativa relacionada con este género. Heraldo de Aragón lo ha definido precisamente como poeta, escritor de jotas, estudioso de la copla y experto o apasionado de la ópera.
Esta dimensión musical ayuda también a comprender su poesía.
En Yusta existe una preocupación constante por la musicalidad del verso, por la cadencia, por la claridad de la expresión y por la capacidad de la palabra para convertirse en voz.
No resulta extraño, por ello, que haya escrito letras destinadas a ser cantadas y que algunos de sus textos hayan sido incorporados a grabaciones discográficas. Su bibliografía recoge colaboraciones en discos como Poetas aragoneses, Las Pilares y Batebancos.
Una presencia activa en la literatura aragonesa
Su actividad no se limita a la publicación de libros.
Ha formado parte de consejos de redacción de revistas literarias, ha participado en jurados, presentaciones, conferencias y ciclos literarios, y fue director adjunto de la revista Imán entre 2008 y 2016. También formó parte de la Junta Directiva de la Asociación Aragonesa de Escritores durante ese periodo. Desde 2025 figura como vicepresidente de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro.
Entre sus reconocimientos figuran el Premio Imán de la Asociación Aragonesa de Escritores y el Premio Búho de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro. En febrero de 2026 fue reconocido además como Académico de Honor de la Academia de las Artes del Folclore y la Jota de Aragón.
Una obra abierta
Quizá el mejor modo de definir a Miguel Ángel Yusta sea, finalmente, como un escritor de fronteras permeables.
Entre
poesía y canción.
Entre literatura y periodismo.
Entre
cultura popular y cultura escrita.
Entre la tradición aragonesa y
la literatura española.
Entre la memoria personal y la memoria
colectiva.
Su trayectoria demuestra además una fidelidad poco habitual a determinados temas: el amor, el paso del tiempo, la ausencia, la memoria, la música y la palabra popular.
Y hay algo especialmente significativo: a sus ochenta años, en 2024, seguía hablando de la poesía, la copla, la ópera y la literatura no desde la perspectiva de quien contempla retrospectivamente una obra terminada, sino desde la de quien continúa escribiendo y participando en la vida cultural. Summarium 25 y la biobibliografía de 2026 confirman esa continuidad.
En definitiva, Miguel Ángel Yusta ocupa un lugar singular dentro de la literatura aragonesa contemporánea: no tanto por pertenecer a una determinada escuela estética como por haber construido, durante más de medio siglo, una obra personal en la que la poesía culta y la voz popular se reconocen mutuamente.
Y quizá ahí resida su mayor singularidad: haber entendido que una jota puede ser poesía, que una copla puede contener una vida y que la ópera, como la poesía, es también una forma de memoria y de emoción.
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