miércoles, 12 de agosto de 2020

La Copla. Epílogo. Prof. Javier Barreiro

Nada más disculpable o más conmovedor que el amor. Y lo de Mayusta hacia la copla lo es. Y si el amor se dirige hacia causas perdidas, resulta todavía más conmovedor. Por eso, aunque ya prologué, más extensa y académicamente, una de sus primeras antologías copleras, no puedo soslayar el reclamo del autor para añadir unas líneas, cuando todo está dicho por quienes me anteceden en la glosa.



Además, aquellos que entre nuestras pasiones hemos contado siempre con la literatura, la cultura popular y la jota, no podemos dejar de sentir afección y simpatía por el decir popular más específico de nuestra lengua. La copla podrá estar en el candelero o ser únicamente sostén del folklore popular pero nunca dejará de ocupar su lugar natural en la forma de expresarse el pueblo. El ritmo octosilábico y la asonancia surgen casi espontáneamente del hablante popular cuando quiere expresar algo con “adorno”, darle una entidad estética... Cuando esos ritmos y asonancias se trasladan a la prosa, percibimos, en cambio, una torpeza que convierte la música en sonsonete.



Por todo ello, entre los copleros suele haber chapuceros, artesanos y poetas. ¿Qué duda cabe de que Mayusta pertenece a estos últimos? La generosidad lo incita a buscar, entre sus maestros y amigos, ejemplos tan variados como los que aquí ha reunido: Clásicos y modernos, como dijera Azorín en 1919. Pero también tienen su lugar las muestras propias y son tan variopintas que, lo mismo que los autores escogidos, unas parecen clásicas y otras, modernas; las hay de encargo y espontáneas; de amor y desesperación, en relación a la naturaleza y el paisaje, el sexo, el humor…, hasta coplas culebreras, si uno quiere encontrar rarezas y sobresaltos. Y no puede faltar la copla aragonesa, que García-Arista quiso codificar con tan regular éxito como el que obtuvo su propuesta de denominarla “cantica”en su modalidad cantada. Escribió don Gregorio:

"Tiene la copla o canta como medio de expresión de todos sus sentires. Y con ella halaga, y con ella maldice, y con ella saluda, y con ella desprecia, y con ella amenaza, y con ella acaricia, y con ella reta, y con ella hiere… ¿Qué mucho, pues, que la copla sea también el medio casi único de expresar sus sentires amorosos?... Para ello necesita y dispone de bien provisto arsenal, que le saque de apuros en todos los trances".



¿Podríamos decir lo mismo de la copla andaluza? Lo cierto es que yo creo que sí y que por más que busquemos diferencias en sus rasgos textuales, como lo procuró Sancho Izquierdo, la principal estriba en la música, que es el vehículo emocional del sentimiento. La copla andaluza tuvo la fortuna de que el 22 de diciembre de 1928 se estrenara en el madrileño teatro Pavón, una obra de Quintero y Guillén con ese título, cuyo éxito desbordó e hizo definitivamente popular lo flamenco o, mejor, lo que desdeñosamente se llamó “ópera flamenca”e incluso provocó el malentendido que ha llegado a la actualidad, de que la copla se utilizara para denominar a la canción popular española, lo que es tan malo para la una como para la otra. La copla aragonesa no llegó sino a servir de título en 1933 a una obra del citado García-Arista, que, entre su tiempo y el nuestro, no habrán leído más de un millar de personas.



Quiero llegar con esto a que no podemos esperar que la copla vuelva a recuperar el lugar del que disfrutó cuando el propietario de una abacería componía una y la colocaba en un pincho sobre el saco de judías para publicitarlas, cuando Valle-Inclán componía las suyas para el jabón de los Príncipes del Congo o cuando, entre los siglos XIX y XX, periódicos y revistas semanales rebosaban de coplas de toda laya. En estos momentos, el vehículo propio de la copla en Aragón seria la renacida jota y, venturosamente, en los espectáculos de los grandes creadores musicales de la jota de hoy, como Alberto Gambino o Alberto Artigas, sustentados por artistas de la talla de Miguel Ángel Berna, Nacho del Río, Beatriz Bernad y otros, coplas como las de Mayusta y unos pocos poetas que no es oportuno nombrar aquí, están poniendo los cimientos para un resurgir de esta tan veterana forma de expresarse.

Somos tan memos que decimos haiku y se nos cae la baba y cuando hablamos de copla, pensamos en las de la tía Raimunda. Ojalá libros como este y otros, que deberían apuntalar los aludidos cimientos, sigan floreciendo en los múltiples registros a que esta forma poética puede dar lugar.



JAVIER BARREIRO

martes, 11 de agosto de 2020

La Copla: Textos de autores, agradecimientos.

********************Con Textos de:

Alberti, Rafael
Álvarez Quintero, Serafín y Joaquín
Barreiro Bordonaba, Javier (Epílogo)
Capilla Loma, Antonio
Caro Sierra, Francisco
Cernuda, Luis
De la Peña, María Luisa
Diego, Gerardo
Díez de la Cortina, Susana (Estudio preliminar)
Domínguez Lasierra, Juan (Prólogo)
Foz y Burges, Braulio
García Lorca, Federico
Gil, Ildefonso-Manuel
Gil de Biedma, Jaime
Grande, Félix
Guinda, Ángel
Hernández, Miguel
Jiménez, Juan Ramón
Jiménez de Urrea, Pedro M.
Lope de Vega, Félix
Lopera, José María
López Azorín, Manuel
Machado, Antonio
Machado, Manuel
Manrique, Jorge
Martí, José
Martín, Valentín
Pastor Gaitero, Antonio
Royo Villanova, Luis
Sender, Ramón J.
Tello Aína, Rosendo
Sánchez Vallés, Joaquín
Vázquez Marín, Juana
Verón Gormaz, José
Vilas, Manuel
Yusta, Miguel Ángel (y antólogo)

*********************Agradecimientos:
Javier Barreiro Bordonaba
Miguel Ángel Berna
Beatriz Bernad
Nacho Del Río
Susana Díez de la Cortina
Juan Domínguez Lasierra
Guillermo Fatás
Alberto Gambino
Luis J.García Bandrés
Ana Iguarbe
Alberto Serrano Dolader
Heraldo de Aragóny su sección “Hoy Domingo”
Lectores de Heraldo de Aragón
A todos los hacedores y amantes de la copla.







domingo, 9 de agosto de 2020

Roncón de la copla. Octubre 2020


Con el corazón abierto
ayer me acerqué a tu reja
y la cerraste deprisa
sin asomarte siquiera.

La copla es un vehículo poético ideal para expresar sentimientos directos con brevedad y, entre ellos, los amorosos. Las penas del amor, el ansia del amado, la espera, el desamor, el olvido, el engaño y tantos otros, han servido y sirven de tema a estas composiciones inmortales a las que se unen la soleá y la seguidilla, tan bellas como la copla y tan arraigadas en la poesía española. Una imagen hecha palabras es la que en esta copla de hoy expresa: el ansia amorosa del amante y el desdén, bien por indiferencia o por estrategia para aumentar el interés del pretendiente. Hoy ya no hay rejas donde rondar, pero los sentimientos y las acciones siguen teniendo parecidas formas. Ay, el amor...



 
Pilar es símbolo y nombre
de fe, constancia y piedad
y fortaleza de un pueblo
sin límites para amar.

Mañana, doce de octubre, Día del Pilar, es Fiesta Nacional y, claro, el día grande de Zaragoza. Como todos los años, el alma de los aragoneses se ilusiona y su Fiesta trasciende a todos los ámbitos. Este año, tan señalado y difícil, nos vamos a sentir todos un poco menos cerca físicamente, pero siempre unidos por el corazón, por esos sentimientos que nos emocionan desde niños y que transmitimos de generación en generación, y deseando que tiempos mejores, que vendrán, nos traigan la plena alegría de las Fiestas del Pilar, con las calles rebosantes, los ríos de flores y jotas, la música y las gentes alegres y bulliciosas llenando todo. Los aragoneses lo merecemos. Zaragoza también. ¡Vivan las Fiestas del Pilar!



 
Llorar por los que se fueron
en silencio y soledad
y luchar porque los vivos
no lo olvidemos jamás.

Sobra decir que 2020, este año terrible de cifra tan redonda, pasará a la Historia como el de la catástrofe sanitaria -y consecuentemente económica y social- más grave de los últimos cien años. Una ola mortífera se ha extendido por nuestro mundo y ha destruído vidas y esperanzas, poniendo de relieve la enorme debilidad del ser humano, que tantas veces se cree el centro del universo, imbatible en su superioridad intelectual y socialmente cada vez menos solidario con sus semejantes y con el mundo que habita. Reflexiones muy serias se imponen a partir de ahora y esperemos que sean efectivas. No es la menor un interés mayor por el intento de crear un futuro mejor para todos. Palabras que, por repetidas, no debieran olvidarse jamás.



 
Qué gran fortuna he tenido
de amar siempre sin medida
sin haber nada pedido...



Esta semana nos salimos de la forma de la tradicional copla, para dar cabida a una de las más hermosas formas estróficas populares de la poesía española, que tiene muchas: La soleá. Esta estrofa de tres octosílabos que riman primero y tercero es propia de la lírica popular andaluza y tiene una variante, la "soleariya" de distinta medida, con el primer verso y tercero hexasílabos rimando y un segundo de diez o doce sílabas. En fin, lo que pretendemos es resaltar la enorme riqueza de nuestra poesía tradicional, sin necesidad de acudir a modas más o menos foráneas. La soleá tiene forma cantada en el rico folclore andaluz y este ejemplo, de cosecha propia, sigue la temática de soledad y desengaño, frecuente en esta estrofa.


4,11,18,25 octubre 2020





Rincón de la copla. Septiembre 2020

Las alegrías de Cádiz
de la jota son hermanas,
con la jota y la alegría
bailo yo las sevillanas.


La relación de la canta de jota con las letras de los diversos palos del folclore andaluz es muy frecuente, así como las alusiones o afirmaciones de cariño y hermandad. La gran Lola Flores (Jerez de la Frontera 1923- Alcobendas, Madrid 1995) ha sido un emblema del folclore andaluz. Durante décadas esta andaluza universal paseó por todo el mundo la canción española, que en sus letras puede contener la copla. Durante toda su vida mantuvo un estilo especial de cante que la hizo ser admirada aun por quienes no sienten especial atracción por este tipo de arte, dado su especial temperamento artístico y su fuerza en el escenario. Reproducimos aquí una bonita cuarteta, que hace referencia al hermanamiento, en la copla, de los diversos cantes españoles.


Dicen que no nos queremos
porque no nos ven hablar;
a tu corazón y al mío
se lo pueden preguntar.

Recordamos hoy en este Rincón una hermosa copla de las dos que componen la 'Jota' incluida en el número cuatro de las "Siete canciones populares españolas" de Manuel de Falla (1876-1946). La obra fue realizada en 1914 y la letra -calificada como popular en el caso de estas dos cuartetas- la atribuyen algunos estudiosos a la propia esposa del compositor. Otros grandes autores (Bizet, Glinka, Massenet, Chabrier...) se inspiraron también en la jota para algunas de sus obras. La interpretación de la jota de las Siete canciones españolas de Manuel de Falla es una delicia que podemos degustar en Internet, en las versiones de grandes intérpretes, como Miguel Fleta, Alfredo Kraus y Teresa Berganza. No dejen de escucharlas.


 
Ciento veinticinco años /
de constancia, fe y trabajo /
dan a Heraldo de Aragón /
su galardón más preciado.



HERALDO DE ARAGÓN, comenzó a publicarse el día 20 de septiembre de 1895. Hoy celebra, pues, su 125 aniversario, siendo lider de la prensa en Aragón y uno de los principales diarios de la prensa española. El Heraldo, como familiarmente le llamamos, ha sido escuela de lectura y también importante fuente de información de numerosas generaciones de aragoneses, que lo consideran como algo propio y como una de las más importantes instituciones de esta tierra. La pandemia, que asola nuestras vidas, no impide la celebración de todo corazón de tan señalada fecha de este Diario, en el que con satisfacción colaboro desde hace medio siglo. El espíritu es fuerte y seguro que venceremos esta situación. Deseo de nuevo, desde este Rincón, larga vida y feliz trayectoria al periódico y a todos quienes día a día lo hacen posible con su trabajo y entusiasmo. 


 
La brisa quiere ser viento
el rescoldo, viva llama,
y yo quiero ser el sol
que ilumine tu mañana.


Ha comenzado el otoño, tras un verano atípico condicionado por una pandemia que sigue azotando a la humanidad y que nadie pensábamos que iba a tener tales consecuencias. Nuestras generaciones no habían conocido nada igual, pues la última gran catástrofe sanitaria, la mal llamada gripe española, aconteció hace mas de un siglo con consecuencias terribles. Esta y otras circunstancias (hambre, sequía, desigualdad) debían hacernos reflexionar sobre muchísimas cosas, comportamientos, objetivos de nuestras vidas, pero parece ser que no, que la velocidad loca de crucero de la humanidad seguirá siendo la misma y la felicidad ha de medirse con parámetros ciertamente muy dudosos. En todo caso, dediquemos un tiempo a la reflexión, aunque sea poco...





Rincón de la copla agosto 2020

  Una lágrima se seca 

y se marchita una flor

y sin embargo la jota

nunca muere en Aragón

Volvemos a traer a este “Rincón” a Felisa Galé Lacoma (1912-1948), que fue novia de José Oto e intérprete exquisita de todos los estilos de jota cantada, incluidos los de baile y rondaderas. Encontramos una pequeña publicación, “Jotas aragonesas”, de Editorial Heraldo de Aragón (Zaragoza, 1936), donde desgrana unas coplas llenas de amor por su tierra y la jota y en las que destaca también su devoción por la Virgen del Pilar. Así rendimos un nuevo homenaje a Felisa, mujer hermosa y mito de nuestra jota, que también compuso coplas, además de interpretarlas con una musicalidad excepcional y una voz brillante que, afortunadamente, se conserva en grabaciones que figuran entre las cien mejores de nuestra jota cantada.



Dentro de la Exposición

Zaragoza es un vergel,

y el capullo más hermoso

la infanta doña Isabel.


Admirada por Sarasate, María Blasco llevó la jota a principios del siglo pasado a París, Bruselas y Buenos Aires, obteniendo grandes éxitos junto a Juanito Pardo, otro gran cantador. Nació en Zaragoza en 1888 y murió en la capital argentina en 1966. Se casó en Argentina, donde fue famosa cancionista y defensora de lo aragonés hasta el día de su muerte, y en el barrio de la Jota tiene calle que la recuerda. La Reina de la Jota se la llamó, cuando intervino en el primer centenario de los Sitios, y he aquí una copla, que nos facilita Juan D. Lasierra y que, entre otras varias, dedicó María a la infanta Isabel en su visita a nuestra ciudad durante los acontecimientos de 1908. La copla tiene su “aquél”.


 

Me preguntó mi baturra

de qué enfermedad moría,

y le contesté llorando:

de tanto que la quería.


Pilar Gracia Pina pertenece a la gloriosa época jotera de Felisa Galé y José Oto, (que fueron también sus padrinos de boda). Nacida en Albalate del Arzobispo el 15 de octubre de 1913, se trasladó a Zaragoza en 1921. De voz hermosa, tomó clases con el maestro Cebollero y con Joaquín Numancia, que la presentó en el Salón Fuenclara, comenzando ahí una extensa y exitosa carrera (Premio Pilar Gascón, Oficial de Jota y otros varios). Murió en Zaragoza el 22 de mayo de 2003, teniendo lugar un concurrido y emotivo funeral baturro en la parroquia del Carmen, que reflejó en HERALDO el querido y recordado Alfonso Zapater. Esta popular canta de Sástago, recogida en el Cancionero de Mingote, era una de sus preferidas.


Ni mañica ni baturra,

ni mocica resalada:

soy mujer aragonesa

y solo con eso basta.


María Pérez Turón fue una de esas joteras que, al salir a cantar, crean un ambiente especial de simpatía. Ella fomentó una nueva manera de cantar la jota. Nació en Albalate del Arzobispo en 1943. Desde muy joven participó en diferentes certámenes y exhibiciones joteras, destacando por su bella voz, su estilo impecable y la simpatía de la que hacía gala en cada interpretación. Compartió escenario con numerosas figuras de mediados del pasado siglo, entre ellas, José Iranzo, ‘El Pastor de Andorra’, recorriendo diversas capitales españolas y del sur de Francia. María ha sido, repetimos, una de esas cantadoras que, con elegancia y discreción, han cimentado una bella manera de decir la copla de jota aragonesa. Mi copla para todas ellas.


La jota, para ser brava

no ha de cantarse entre rejas;

quiere campo y libertad,

por algo es aragonesa.

 

María Dolores Serrano (Lleida 1929-Barcelona 23.09.1986) Licenciada en Filosofía y Letras, especialista en lenguas semíticas (conoció el árabe clásico y algunos dialectos contemporáneos); viajó por el Sahara y diferentes países de la zona. Con motivo de su fallecimiento, Néstor Luján (La Vanguardia 24.09.1986, obituario) indicaba que la autora ensayó en sus artículos periodísticos «un nuevo género de crónicas viajeras, siguiendo, no la geografía sino el rastro misterioso, no dibujado jamás, de un fenómeno lleno de poéticas y materiales suscitaciones: la frontera lingüística de Cataluña y Aragón. Una aventura intelectual que estaba muy dentro de su espíritu, de su curiosidad». La copla que hoy publicamos la publicó Mª Dolores en La Vanguardia el 27 de julio de 1965, dentro de un artículo de viaje sobre la localidad aragonesa de Nonaspe. Cuenta que se la cantaron allí y quedó impresionada por su fuerza y belleza.


Agosto 2020: 2,9,16,23,30






































sábado, 11 de julio de 2020

Rincón de la copla. Julio 2020



El abanico de hueso
tiene en la clara vitela
la infantilidad del beso
sutil de una pastorela.

El profesor Javier Barreiro, publicó ya en 2010 un interesante trabajo sobre la libertaria Lucía Sánchez Saornil (1895-1970) de quien el 2 de junio se cumplió el cincuentenario de su muerte. En el mismo, comenta que fue mujer de inusitada precocidad: a los 17 años propuso una sección femenina de exploradores, ya que no era justo que las jóvenes permaneciesen los fines de semana recluidas en sus casas y sucias ciudades mientras los muchachos abrazaban la Naturaleza. Fue la única mujer inscrita en el Ultraísmo, la primera vanguardia poética española (1918) y, tras varios lustros de lucha social, fundadora, junto a Amparo Poch y Mercedes Comaposada, de “Mujeres Libres” (1936). De sus primeros poemas publicados, expuestos por Barreiro, extraemos este, breve y hermoso.




Nadie se me ha muerto y lloro.
Tú vistes de luto, y cantas.
Tú llevas luto en el cuerpo,
y yo lo llevo en el alma.

Pascuala Perié fue una gran cantadora de jota y persona pura, legítima, auténtica, inconfundible, en palabras de Galán Bergua. Nacida en 1901 en Nuez de Ebro, murió en 1950. Fue una de las más grandes intérpretes de nuestro primer canto regional y, además, autora de hermosas cantas. Con Joaquín Numancia, “Redondo” de Épila y otros, forma el grupo de grandes “cantautores” de la Jota aragonesa en una época muy determinada y especialmente notable. Tiene su calle en Zaragoza, en el barrio de La Jota. Ella inmortalizó la famosa “olivera” de Magallón (la “magallonera”) singular y famosa tonada que aún sigue estremeciendo a los que la escuchan. He aquí una de las coplas que la hicieron grande:




Vivirá siempre la fama
de Marcilla e Isabel:
¡el amor inmortaliza
a los que mueren por él!

Carmen Burgos de Segui (Rodalquilar, Almería, 1867-Madrid 1931) que firmaba principalmente con el seudónimo de “Colombine” , aunque utilizó media docena más, fue escritora, periodista y traductora . Perteneció a la generación del 98, hoy afortunadamente reivindicada en sus valiosas componentes femeninas y es considerada una de las primeras mujeres en defender el papel femenino en la vida social y en la literatura. Trabajó en el Diario Universal siendo la primera redactora profesional de periódico en lengua castellana y colaboró también en HERALDO DE ARAGÓN. Como primera mujer corresponsal de guerra cubrió la tragedia de Marruecos. Se destacó en el activismo por los derechos de la mujer y de ella es esta copla que dedicó a los Amantes de Teruel.




A la Virgen del Pilar
me fui a pedirle una gracia,
y ya me sentí mejor
solamente con mirarla.


Hermosa por fuera y por dentro, la universalmente conocida soprano Pilar Lorengar (Lorenza Pilar García Seta, Zaragoza 1928-Berlín 1996 ) nació en la calle de Las Armas y, de niña, por el barrio de San Pablo, entonaba la jota, que también se podía escuchar en aquel entrañable “Ondas infantiles” de Radio Zaragoza. Su fulgurante carrera operística le dio reconocimiento, honores y fama mundial, Su ciudad que le concedió su Medalla de Oro, la nombró Pregonera de las Fiestas del Pilar y dedicó una calle en la zona de Universidad. Muchos recordamos su sonrisa y, al escuchar su voz sublime, o recordar su estremecedora Salve, tal vez despedida a la Virgen del Pilar en 1991, nos sentimos orgullosos de su paisanaje. Hace unos años le dedicamos esta copla, que bien pudo pensar en su plegaria ante la Virgen.

(Heraldo de Aragón 5, 12, 19, 26 julio 2020) 







domingo, 7 de junio de 2020

Rincón de la copla. Junio 2020


Es el saber popular,
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.


Manuel Machado Ruiz (Sevilla 1894- Madrid 1947) fue hijo de Antonio Machado Álvarez (Demófilo) escritor, antropólogo y reconocido folclorista andaluz y hermano de Antonio Machado. Su trayectoria poética fue controvertida por las circunstancias políticas de su tiempo, pues los avatares de la época hicieron que los destinos de los dos hermanos quedaran muy tristemente separados. Aquí queremos destacar sus virtudes poéticas y el paralelismo en muchas de sus obras con Antonio. Dedicó su poesía en buena medida a la exaltación de lo popular y andaluz, motivo por el que le traemos a estas líneas con un fragmento de su poema "Cante hondo". Soleares, seguiriyas gitanas, seguidillas coplas y otras formas del cante popular andaluz cuajaron su extensa obra.




Eso que estás esperando
 día y noche, y nunca viene; 
eso que siempre te falta 
mientras vives, es la muerte. 


Augusto Ferrán y Forniés, ( Madrid 1835 – Madrid 1880) fue un poeta español del postromanticismo, de padre catalán y madre aragonesa de Pallaruelo (Huesca). Tuvo una gran actividad intelectual como escritor, periodista y traductor. Su libro "La soledad" (1861) contiene cantares populares de poesía tradicional y también de creación propia. Fue prologado por Gustavo Adolfo Bécquer y su registro está muy cercano al lenguaje oral, siendo el cantar preferido del pueblo andaluz y, naturalmente ,en su forma estrófica, fuertemente arraigado en la cultura literaria española. La copla, cuarteta, sigue vigente y con muy buena salud y renovada juventud en las letras de nuestra jota aragonesa. Aquí publicamos un bello ejemplo de copla escrita por Ferrán.


Huyo del mal que me enoja 
buscando el bien que me falta. 
Más que las penas que tengo 
me duelen las esperanzas.

Manuel Altolaguirre (Málaga 1905- Burgos 1959) fue poeta, editor, traductor, guionista y director cinematográfico. Tuvo una intensa vida y actividad literaria como poeta, activista cultural y promotor de publicaciones y revistas poéticas (Ambos, Litoral) y se considera un aglutinador de la Generación del 27. Su poesía es intimista e introspectiva, reflejo de muchas situaciones de dolor durante la guerra civil. Se exilió en 1939 y regresó veinte años más tarde, muriendo ese año de accidente de coche al volver a Madrid del festival de cine de San Sebastián, donde participaba una película suya, El Cantar de los Cantares. Traemos un fragmento de su poema "Cerrando los ojos", una cuarteta, donde utiliza el octosílabo, arte menor y verso muy frecuente en su obra. 



Podéis llamarme coplero,
eso me gusta y me llena,
pues la copla es poesía
cuando la escribe un poeta.

Y, amigos lectores, termina este mes de junio de la pandemia y con él la primavera que no hemos disfrutado. La salud ha sido lo primero y el esfuerzo no parece excesivo si consideramos y valoramos el bien común, el sacrificio y entrega de tantos y la necesaria obediencia de las normas sanitarias para mejorar la situación. Vamos a acabar el mes con una copla festiva dirigida a quienes, despectivamente, aún consideran la copla como una creación menor (como un hayku, que tantos confunden y escriben como nuestra coda flamenca o bordón de la seguidilla) sin intentar el conocimiento de autores e historia en profundidad. Menos mal que la copla, este poema genuino del español, sigue viva y vigente sobre modos y modas que ya hemos descrito tantas veces. 

(Heraldo de Aragón, 7, 14, 21, 28 junio 2020) 

domingo, 10 de mayo de 2020

Rincón de la copla. Mayo 2020


En este año, por el virus,
no habrá ronda de los Mayos
pero yo, con esta copla,
desde el corazón los canto.


Los Mayos es una fiesta ancestral que se celebra generalmente el primer domingo de mayo en muchos países europeos y, por supuesto, en muchas regiones de España. Los origenes se remontan a fenicios y griegos, fueron asimiladas por celtas y romanos y posteriormente por el cristianismo (Cruz de Mayo). Fiestas de tradición agrícola y pastoril, también se celebran en Aragón, principalmente en Albarracín y pueblos de la Sierra (Guadalaviar, Noguera, Torres entre otros) y conservan sus tonadas y letras con algunas variaciones propias. En la mayoría de ellos, se le canta primero a la Virgen y luego a las "Mayas"(Majas), con peculiaridades de cada población (por ejemplo la "subasta" de Guadalaviar). Este año, de triste primavera, los cantaremos desde el corazón...




Clave de la vida son 
los niños y los ancianos:
unos porque la comienzan,
otros porque nos la han dado.


Cuando hay situaciones especialmente graves que afectan al estatus de la sociedad, surgen opiniones de muy diversa y a veces oscura procedencia. Estas semanas pasadas han sido muy tristes y aún vendrán días de dolor. La mayoría de los de los fallecidos, muchos en soledad, han sido ancianos que, no olvidemos, fueron quienes dieron todo durante los años difíciles y sacaron a nuestro país, con su esfuerzo y sacrificio, de la oscuridad de la posguerra. Quien esto escribe, que está en la setentena y se considera en el grupo, ha visto con mucha tristeza ciertas actitudes, aunque con alegría y esperanza otras mucho más numerosas de infinito cariño, atención y respeto. No perdamos el norte. Hay cosas mucho más valiosas en la vida que las cuentas, una importante es ser capaces de crear una sociedad más justa.





Ajena al hombre que sufre 
florece la primavera.
Sigue su ciclo de vida 
la madre Naturaleza.


Era del año la estación florida... Así comienza la extensa Soledad Primera Don Luis de Góngora. Pasto para poetas y escritores, la primavera no pasa de moda y acude fielmente a su cita: resurgir de vida y eclosión intensa de la Naturaleza que influye de manera especial en nuestro ánimo y no siempre de manera benigna y agradable. Este año ya sabemos que es una primavera jamás vivida por ninguno de nosotros, una experiencia inusitada que ha llegado casi de manera instantánea y nos ha cogido por sorpresa parando nuestra febril actividad. Nada ni nadie, como vemos, es imprescindible y habrá que adaptarse a una nueva época. Pero la primavera, ajena a nuestros pequeños afanes, seguirá visitando el mundo que nos pide a gritos que lo cuidemos.





Tres cosas hay en Teruel
que no las hay en España:
los Amantes y los Arcos,
y el torico de la plaza.


Reordenando mis libros encuentro éste que reeditaron, hace ya una década, la historiadora Mercedes Souto y el investigador Alberto Turón. Se trata del Cancionero popular turolense, de Severiano Doporto, escritor y periodista (Madrid 1862- Alicante 1923) que se publicó en 1900. Es una muy interesante y erudita obra, donde se expone una "Colección de canciones y estribillos recogidos de boca del pueblo en la ciudad de Teruel" según consta en el subtítulo, además de coplas (1.362) , estribillos (78) , anexos documentales, extenso vocabulario e índices y partituras de la jota popular turolense. Obra en suma muy útil e interesante, tanto para folcloristas como aficionados y lectores curiosos, sobre el fascinante mundo de nuestra primera manifestación folclórica: la jota.




Morena la Virgen de Arcos,
morena la del Pilar;
para morena y con garbo,
la Virgen del Tremedal.


Volvemos sobre el libro que comentábamos la semana pasada: el Cancionero Popular Turolense de Severiano Doporto, donde se recogen más de mil trescientas coplas de boca de los turolenses a finales del siglo XIX, ya que la primera edición del Cancionero fue publicada en 1900. En la oportuna reedición de 2011 a cargo de Mercedes Souto y Alberto Turón, se añade interesante y extensa documentación sobre el autor y la época, así como una cuajada nómina de cancioneros populares sobre Aragón, hasta el año 2001. En lo que va de siglo, que ya son veinte años, ha crecido con buena salud la copla y sigue muy vigorosa, lo cual es altemente satisfactorio para cuantos con más o menos esfuerzo, pero mucha ilusión, nos dedicamos a cultivarla y mantenerla viva.

(Publicado en HERALDO DE ARAGÓN)

























viernes, 24 de abril de 2020

Rincón de la copla. Abril 2020



Si cantan es ti que cantas;
Si choran, es ti que choras,
I es o marmurio do río,
I es a noite i es a aurora.

Una de las grandes poetas de la literatura española del siglo XIX es Rosalía de Castro. Nacida en Santiago de Compostela en 1837 y fallecida en Padrón en 1885 cultivó también la novela y el cuento. La extraordinaria sensibilidad y belleza de su poesía ha permanecido y se ha afianzado con el paso del tiempo. Uno de sus hermosos poemas, Negra sombra, fue musicado por Xoán Montés, músico lucense que lo convirtió en una canción inmortal que se considera el segundo himno de Galicia. Se compone de cuatro cuartetas y se incluye, sin título en su poemario “Follas novas” de 1880. Traemos aquí una de sus bellas estrofas, cuya traducción es: Si cantan, tú eres quien canta, / si lloran, tú eres quien llora / y eres murmullo del río / y eres la noche y la aurora.




Porque habito en el Rabal
me llaman la rabalera,
en siendo de Zaragoza
que me llamen lo que quieran.

Entre los escritores aragoneses del pasado siglo es de destacar Rafael Andolz Canela (Jaca 1926-Huesca 1998), sacerdote, escritor, filólogo, profesor de bachillerato y etnólogo aragonés. Reconocido sobre todo por la autoría del Diccionario Aragonés: aragonés -castellano, castellano-aragonés (1977), tiene una extensa obra de temas aragoneses que comprende una veintena de libros entre los cuales destaco aquí, por afinidad con esta sección, dos: El Humor altoaragonés (1988) y Más humor aragonés (1996), obra esta última en la que el autor hace un recorrido minucioso por prácticamente todos los pueblos aragoneses destacando coplas o dichos que los definen con humor e ironía tan propios de esta tierra dura en la que habitamos, sufrimos y gozamos.



 Al palomar de tus labios
llegó una paloma blanca;
era tu beso, mañica
que me s’escapó del alma.

José María Ferrer (1917-1984) que usaba el seudónimo de “Gustavo Adolfo”, fue un popular locutor de Radio Zaragoza en los años 50 al 70 del pasado siglo, debido sobre todo a las singulares intervenciones radiofónicas demostrativas de su enorme facilidad para lo que ahora se llama “repentizar” (En su programa “Glosa del día” versificaba, al instante, sobre cualquier tema propuesto por los oyentes). Hombre de rasgos físicos e ingenio afilados, destacó como entrevistador, locutor y escritor de galardonadas coplas y letras de canciones aragonesas que se han hecho célebres (“El Ebro guarda silencio...”)
Su fama, aunque local, no es por ello menos importante y un busto de bronce lo recuerda en el parque Pignatelli. Esta es una de sus coplas.





Cuando vuelva de la siega
asómate a la ventana,
que a un segador no le importa
que le dé el sol cara a cara.


Alberto Casañal Shakery (1874-1943) gaditano de nacimiento y aragonés “asimilado”, periodista y escritor, fue profesor de matemáticas en la Escuela Industrial (para que luego digan de la seria circunspección de los matemáticos...). Popular por sus cuentos, poesías y artículos, es uno de los más destacados escritores costumbristas aragoneses. Sus cuentos baturros, son frescos e hilarantes, construídos en romance para su recitado e interpretación (Cuentos baturros, Fruslerías, Romances de ciego). También escribió comedias, libretos de zarzuelas y colaboró asiduamente en HERALDO DE ARAGON. Tiene dedicado un paseo en la nueva zona de expansión del Actur, de Zaragoza.
Esta copla, famosísima y clásica, es suya:

(HERALDO DE ARAGÓN. Abril 2020)

jueves, 9 de abril de 2020

ACERCA DE LA COPLA, por Javier Barreiro

"ACERCA DE LA COPLA"
A propósito de la aparición de mi nuevo libro, "La copla. Emoción y poema", ya en venta, traigo aquí el prólogo que el profesor y escritor Javier Barreiro Bordonaba, (que ha participado asimismo en esta obra) realizó de otro libro mío, "Rincó de coplas" (2007) . Una necesaria lectura.




(Prólogo a Rincón de coplas de Miguel Ángel Yusta, Zaragoza, UnaLuna, 2006).                 
                             
Harto profusa es la tradición de la copla en la prensa española. Quien haya frecuentado la casi extinta costumbre de mirar papeles viejos –ahora hay que desojarse a golpe de microfilm- se habrá tropezado con ella por doquier. Especialmente, en el periodo de 1880 a 1920. No se trataba de una sección propia de periódicos de provincias o de autores costumbristas, como querrá suponer algún “enterado”, sino que la copla aparecía en las publicaciones de mayor tirada y las firmas podían ser las de Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez o los hermanos Machado, tan vinculados, por su padre, al género.
   La copla estaba en la calle, en la inventiva popular, en la creación directa. Vinculada al ingenio repentizador de joteros, payadores, troveros, cantaores, copleros y toda la caterva de improvisadores que daba la música popular aquí y allá. Presente en los cuplés que infestaban las zarzuelas menores y las obras del género chico y que los actores solían modificar en cada representación en función del público, de los acontecimientos del día o las circunstancias de la localidad que visitaran. Hasta hace nada, la hemos visto en los escaparates de tiendas cuyos dueños ponían su estro al servicio de la propaganda de los productos de su establecimiento. Estaba en los abanicos de las damas, en los pregones callejeros, en las loas, gozos y demás representaciones populares cuyo origen había que buscar en la socorrida metáfora de la noche de los tiempos. Estaba, también profusamente, en los pliegos sueltos que aún llegaron a venderse en la séptima década del siglo XX. Pero estaba, sobre todo, en la prensa. En casi toda la prensa, que la recogía de la calle, del sentir de la gente que, en la tradición española, llegaba hasta los poetas cultos. En una conferencia impartida en el Ateneo Madrileño, el erudito Rodríguez Marín (1855-1943) lo expresó así:
    Así como el pensar de un pueblo está condensado y cristalizado en sus refranes, todo su sentir se halla contenido en sus coplas (…) Ingenuo biógrafo de sí propio, que no tira a engañar, pues “no cantan porque le escuchen” sino unas veces “porque está alegre” y otras “para espantar sus males”, el pueblo narra su vida entera en larguísima serie de coplas[1].
   El gran cervantista andaluz observó asimismo que, pese a su antigüedad y el reconocimiento de los lexicógrafos de los siglos XVII y XVIII, nunca había alcanzado la copla tanta importancia como a finales del siglo XIX. Es decir, como en su tiempo, ya que el texto es de 1910. Por entonces, ya había publicado sus trabajos Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” y, en 1936, daría Cansinos a las prensas su meritorio trabajo que no tuvo difusión hasta mucho después[2].
   Fueron estos, además, los tiempos en que mayor atención prestaron a los cantares populares los estudiosos y es de recibo citar tanto la colección (Cantares populares españoles) publicada por Rodríguez Marín en la Sevilla de 1882, como los más de cinco mil cantares populares de Castilla, que Narciso Alonso Cortés recogió en 1914.
   En el caso aragonés, la primera recopilación de importancia es la de Severiano Doporto (1900), prácticamente centrada en la jota. En seguida, vendrán las Mil coplas de jota aragonesa (1911) de Miguel Sancho Izquierdo y, años después, los repertorios de Jiménez de Aragón (1925), Miguel Arnaudas (1927), Ángel Mingote (1950), José García Mercadal (1963), Mur Bernad (1970 y 1986) y Gregorio Garcés (1999), entre otros muchos[3].  Entre las numerosísimas colecciones de  coplas no anónimas, por su trascendencia, es de justicia mencionar las tres que publicó Alberto Casañal entre 1899 y 1912 o las varias de Abad Tárdez entre 1927 y 1944. Aunque puede decirse que la tradición fue cayendo en desuso, alcanzó todavía con fuerza la segunda mitad de la pasada centuria y es imposible no citar a Fernando Soteras “Mefisto” (1886-1934), como el más ilustre difusor de la copla en la prensa aragonesa[4]. Poco antes, Gregorio García Arista había efectuado el que, aunque parcial y discutible, todavía puede considerarse el principal estudio de la copla en el antiguo reino[5].
   En otros lugares[6], he especulado sobre el triste fenómeno de la desvalorización de la jota por parte de los propios aragoneses que dio pábulo a la decadencia de ésta en la segunda mitad del siglo XX. Como no hay mal que cien años dure, desde hace muy poco se empieza a advertir una cierta recuperación. Alguna influencia habrá tenido el concurso de copla aragonesa convocado anualmente por el ayuntamiento zaragozano desde 1981, que, si por un lado, se cargaba la Escuela Oficial de Jota, por otra, y es verdad que un poco vergonzantemente, auspiciaba un certamen al que se presentaban numerosos aspirantes[7]. Entre otros de menor constancia en los galardones, tres poetas populares, el segundo de ellos también poeta culto, ha alumbrado dicho concurso: Mario Bartolomé, José Verón y Miguel Ángel Yusta. No hace mucho que los dos primeros publicaron una muestra de su producción[8], Miguel Ángel Yusta ha preferido acometer una muy variada antología, en su mayor parte ya publicada en la sección que, desde enero de 2002, pilota en la penúltima página del suplemento dominical de Heraldo de Aragón.
   No poca fue la sorpresa –y la alegría- que me llevé cuando la leí por vez primera. No parecían estos tiempos, idólatras del diseño, la foto de impacto o las peripecias personales del zorrón o chuloputas de turno, propicios para una sección así. Y sospecho que algo de culpa tendría en ello, el nombramiento como director del periódico de un hombre tan culto, sensato y ajeno las bobas imposiciones de la actualidad como Guillermo Fatás. Fuera como fuese, la sección cuajó y se convirtió en un gusto del domingo, leer esas peladillas, que a la par que informaban con brevedad y justeza de muy variopintos asuntos y personajes del Aragón inmediato, nos proporcionaban el reencuentro o el descubrimiento de esa copla que todos los españoles llevamos impregnada en nuestra memoria colectiva.
   Miguel Ángel Yusta no ha privilegiado una u otra tendencia o dirección sino que, con un criterio ecléctico, ha dado cabida a joteros, eruditos, poetas, personajes populares…, en fin, a un rimero de nombres, de cuya extensión y variedad nos da razón el índice onomástico. Alegra constatar como, junto a coplas cuyos orígenes hay que buscar en la edad media y que están también en el cancionero tradicional, en el sefardí o el hispanoamericano, figuran otras de varios contemporáneos, que nos muestran como la copla puede seguir siendo un excelente instrumento para la expresión del amor, del humor, del dolor o de la alegría de vivir. Parece mentira como, con tan pocas palabras sometidas a las normas insoslayables de la cantidad silábica y la rima, puedan lograrse tantas y tan bellas combinaciones. Todas estas consideraciones parecen obvias y elementales, pero anda a contárselas, pongo por ejemplo, a un “progresista” barbudo de primeros de los setenta. Para él, la copla sería una cosa zafia, reaccionaria y torpe mientras que a través del haiku se alcanzarían los más altos grado de espiritualidad y estética. Con estas tontadas hemos crecido y lustros costará quitarse el polvo amontonado.
   El territorio de la poesía es un espacio intemporal y muy poco sujeto a reglas. Podemos estudiar lo que ha sido en zonas y épocas determinadas, podemos establecer sus temas fundamentales o sus formas estructurales, podemos hacer trabajos comparatistas pero es más aventurado extraer de ella teorías antropológicas, sociales o históricas. Sin embargo, sabemos que la canción tradicional aparece constantemente en las colecciones de cantos españoles –como aparece en la antología de M. A. Yusta-, lo que da la razón a quienes hablaron de la tradicionalidad de la literatura hispánica. Sabemos, además, que casi desde el principio de los trabajos de quienes reflexionaron sobre nuestra lengua, los más excelentes autores, como Correas y Covarrubias, dieron su lugar a las composiciones populares y recomendaron ocuparse de ellas. Valladares de Sotomayor y un genio casi olvidado como Torres Villarroel nos dejaron hermosas muestras en un siglo tan aparentemente poco propicio al asunto como lo fue el XVIII. No hay que resaltar lo que significó el Romanticismo para la ponderación de todo lo popular, que llego a identificar con lo natural, como tan bien ilustran muchos textos de ese otro genio inasible, mezcla de neoclásico, romántico, prerromano y baturrón que se llamó Braulio Foz. Otro aragonés por antonomasia, Joaquín Costa, publicó en 1888 un libro tan poco leído como todos los suyos, Poesía popular española y mitología y literatura celto-hispanas. Años antes Milá y Fontanals había inaugurado en España los estudios canónicos sobre estos asuntos con Observaciones sobre la poesía popular (1853).

            Portada de Cantares populares y literarios recopilados por Melchor de Palau, 1900.
Desde entonces las recopilaciones han sido numerosísimas. Además de las que se citaron, por su importancia, pueden reseñarse las de Lafuente y Alcántara[9], Antonio Machado y Álvarez “Demófilo”[10] y Melchor de Palau[11]. Pero es que la copla, aparte de mantener su protagonismo absoluto en el periodo del que se habló[12], extendió su campo semántico cuando, a partir de 1928, pasó a ser una de las denominaciones –algo parecido había sucedido años antes con la voz “cuplé”- de la canción española. Culpable fue La copla andaluza, de Antonio Quintero y Pascual Guillén, subtitulada “comedia lírica” y estrenada en el Teatro Pavón el 22 de enero de tal año que alcanzó un éxito inenarrable y dio carta de naturaleza a esa fusión de canción regional, cuplé y zarzuela que, a partir de entonces, dominaría los escenarios españoles en las voces de los Angelillo, Conchita Piquer, Estrellita Castro, Imperio Argentina… No desdeñaron los autores cultos, incluso los cultísimos, el género. Sirvan tres botones de muestra: Juan Ramón Jiménez dio a las prensas mejicanas en 1945 Voces de mi copla; José Bergamín publicó en los Renuevos de Cruz y Raya, Duendecitos y coplas (1963); Manuel Vázquez Montalbán parodiaba a Jorge Manrique en 1984 con sus Coplas a la muerte de mi tía Daniela. Para rematar, en los últimos años han aparecido dos muy amplios y excelentes estudios sobre la copla, a cargo de Gerald Brenan[13] y Francisco Gutiérrez Carbajo[14].
  No estará de más recordar que el mito aragonés más constante en la literatura de la última centuria procede de la misteriosa copla que José Feliu y Codina oyó en la estación de Binéfar y que dio lugar a un romance, publicado en el semanario El Chiste, que, bastante tiempo después, decidió incluir en su drama, La Dolores, estrenado el 10 de noviembre de 1892 en el teatro Novedades de Barcelona con inesperado éxito. La obra lírica de Bretón (1895) fue ya el acabóse y el mismo Feliu y Codina publicó ese mismo año La Dolores (Historia de una copla), novela en dos tomos, que ilustraba lo que una copla podía dar de sí. Y faltaba un siglo por delante para que la canción, el teatro, el cine, la novela, la novela, la lírica y la danza siguieran dando cancha al argumento maledicente deparado por una simple copla.
   Me pedía Miguel Ángel Yusta un prefacio que, más que una presentación convencional,  –y a fe que tal empresa está lejos de mis actuales fuerzas y hasta, quizá, de mis posibilidades- acometiese un estudio sobre la copla. Permítaseme, pues, por ello haber incluido algunas notas que, tal vez, en un prólogo pueden parecer impertinentes. Mi propósito sólo es encaminar al  posible interesado a fuentes que le darán mejor información que la mía.
   Mayusta, como gusta de firmarse, que acaba de hacer su entrada como poeta en el ruedo literario con su primer libro individual, Peregrino de ausencias (2005), ha trabajado el material sin apriorismos y, por su alma generosa, con intención de dar cabida al mayor número posible de nombres. Se ha servido de su amor e interés por todo lo aragonés aunque sin exclusivismos, como muestra la amplia gama de nombres representados. Se ha servido de su viva curiosidad, de su prosa escueta, amena y certera, que, yendo al grano, nos suscita el interés por todo aquello de que nos habla; si lo sabemos, porque nos lo recuerda, si lo desconocemos porque nos reafirma en nuestro deseo de conocer más. Quien no haya seguido la sección en el periódico encontrará en este libro, casi minimalista pero placentero y enriquecedor, un venero de sorpresas, quien lo haya hecho, tendrá recopilado aquello que muchas veces consideró que merecía la pena archivar.
   Miguel Ángel Yusta rescata con Rincón de coplas, un género con más vitalidad de lo que pudiera hacer pensar una mirada superficial a la triste realidad intelectual y ética del mundo de la comunicación española.

[1] Francisco Rodríguez Marín, La copla. Bosquejo de un estudio folklórico, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, 1910.
[2]  Editado en Chile, apenas circuló hasta la primera edición española: Rafael Cansinos-Asséns, La copla andaluza, Madrid, Demófilo, 1975. Hay otras ediciones posteriores.
[3] Para una catalogación muy completa, v. el trabajo de Melero en Javier Barreiro y José Luis Melero, La jota ayer y hoy. Viejos estilos. Nuevos intérpretes, Prames, Zaragoza, 2005, pp. 62-73.
[4] Algunas están recogida en Coplas de Mefisto, Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1935.
[5] La copla aragonesa o “cantica”, Madrid, Boletín de la Real Academia Española, 1933.
[6] V. La jota aragonesa, Zaragoza, CAI-100, 2000, pp. 5-12 y Voces de Aragón. Intérpretes aragoneses del arte lírico y la canción popular (1860-1960), Zaragoza, Ibercaja, 2004, pp. 109-116.
[7] V. Mario Bartolomé Martín y Andrés Cester Zapata, Cancionero de coplas aragonesas. Historia de un concurso 1981-1987, Ayuntamiento de Zaragoza, 1987.
[8] V. Mario Bartolomé, Cantaclaro. Cancionero aragonés, Zaragoza, UnaLuna, 2001 y José Verón Gormaz, Cantos de tierra y verso, Calatayud (Zaragoza), IFC-Centro de Estudios Bilbilitanos, 2002.
[9] Cancionero popular. Colección escogida de coplas y seguidillas, Madrid, Carlos Bailly-Baillière, 2 vols., 1865.
[10] Colección de cantes flamencos, Sevilla, Imprenta y Litografía “El Porvenir”, 1881.
[11] Cantares populares y literarios, Barcelona, Montaner y Simón, 1900.
[12] Manuel del Palacio, Antonio Palomero “Gil Parrado” o Luis de Tapia y, quizá, el más prolífico de todos, el malagueño Narciso Díaz de Escovar, son periodistas y poetas que, entre muchos otros cultivaron asiduamente la copla en los medios periodísticos.
[13] La copla popular española (edición y estudio de Antonio José López López), Málaga, Miramar, 1995.
[14] La copla flamenca y la lírica de tipo popular, Madrid, Cinterco, 1990.